Estoy en una fiesta. Soy la anfitriona así que estoy pendiente de que cada uno tenga su copa, su conversación y se lo pase bien. Los invitados no dejan de llamar al timbre. Cada vez somos más. Ya estoy desesperada, tengo que atender a los que entran y eso empieza a parecerse al camarote de los hermanos Marx. Otra vez el timbre.
Era el despertador, uff.
viernes, 16 de febrero de 2007
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